Fuente: Unionradio

El primer astronauta chino viajó al cosmos en 2003, y el segundo y tercero lo harán esta semana, pero el primero que soñó con visitar las estrellas -algunos dicen que lo consiguió- vivió en el siglo XVI, se llamaba Wan Hu y fabricó una nave espacial con una silla y 47 cohetes atados a ella.

La “Shenzhou VI”, que será lanzada desde la base de Jiuquan (noroeste de China) mañana por la mañana, será el mejor homenaje a Wan, el primer hombre que quiso llegar a las estrellas, y al país donde se usaron por primera vez los cohetes.

Para muchos chinos, Wan fue el primero que intentó llegar al espacio y algunas leyendas incluso dicen que lo consiguió, aunque esto nunca se pudo probar y lo más probable es que fuera la primera víctima mortal de la carrera espacial.

Oficialmente, el primer astronauta de la historia fue el soviético Yuri Gagarin, quien en 1961 salía de la órbita de la Tierra a bordo del “Vostok”, pero Wan Hu, que vivió cuatro siglos y medio antes, intentó lo mismo con una tecnología mucho menos desarrollada.

Wan era un oficial imperial de la dinastía Ming, penúltima que tuvo China, y según los anales históricos se pasaba las noches contemplando la Luna y las estrellas, alimentando un ferviente deseo de conocerlas de cerca.

En aquel tiempo, China era el país más avanzado tecnológicamente del mundo, así que no es extraño que Wan pensara que las desarrolladas técnicas de su país (instrumentos de navegación, avances científicos y astronómicos, la pólvora…) le podían ayudar a cumplir su sueño.

El protoastronauta confió sobre todo en cosas tan genuinamente chinas como los cohetes, las cometas y la pólvora, inventada en el país hacia el año 300 antes de nuestra era.

Los primeros cohetes chinos, antepasados del “Shenzhou V” (“Bajel Divino”), se confeccionaron con troncos de bambú partidos y eran concebidos como flechas que no necesitaban un arco para ser lanzadas.

Se sabe que estas “flechas de fuego” ya se usaron en una batalla que chinos y mongoles libraron en 1232, y sirvieron para repeler a los nómadas del norte en su enésimo intento de conquistar China.

Wan Hu fue el primero que pensó que estos artefactos explosivos no sólo podían ser usados para causar daños al enemigo, sino también para transportar algo, por lo que ideó una primitiva nave que consistía en una plataforma a la que ató 47 potentes cohetes.

Además, anudó dos grandes cometas, que pensó le ayudarían a mantenerse en el aire una vez que la nave estuviera en el cielo.

Sobre la plataforma colocó una silla, en la que iría sentado él el día del lanzamiento, vestido con sus mejores galas y preparado para pasar a la historia.

El día del lanzamiento, Wan se sentó en esa silla y ordenó a 47 de sus sirvientes que cada uno encendiera una mecha de un cohete, armados con largas antorchas y desde lejos, para su seguridad.

La leyenda cuenta que, una vez encendidos los cohetes, se produjo una enorme explosión y a continuación una humareda que tardó varios minutos en disiparse, y que cuando lo hizo, Wan Hu y su artefacto se habían volatilizado sin dejar rastro.

Lo que siguió fue una oleada de rumores y conjeturas, pues mientras algunos aseguraban que la explosión había desintegrado por completo a Wan y la nave, otros decían que el oficial había materializado su sueño.

Una tercera corriente opinó que Wan sí levantó el vuelo, pero no lo suficiente, y que él y su máquina dibujaron una curva descendente para acabar cayendo en un lugar en el que nunca fueron encontrados.

Algunas pinturas chinas de la época muestran la leyenda de Wan Hu volando en una silla propulsada por cohetes, alzando su mano y rozando con ella la Luna en cuarto creciente, vestido con elegantes ropas de funcionario imperial.

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